miércoles, diciembre 03, 2008

Con el humo que no vuelve

,
Yo te barrí con una escoba negra,
di vuelta tus pisadas para que cada paso te alejara de mí,
hice una sola hoguera con todas las marañas donde anidó tu sombra
y te tapié la casa con una piedra viva calentada en mi mano.

No medí tu poder contra estas inconsistentes envolturas
tejidas solamente por la complicidad del resplandor y el aire.
No calculé tu alcance de rata que abre un túnel desde un cubil de invierno
hasta el rostro del día,
que fue un creciente agujero en todas las ventanas.

Acampaste a lo lejos
con tu arsenal de tenebrosas ollas, fetiches de tierras muertas y tijeras,
y esa tribu invisible alimentada con rata del infierno,
y comenzó el asedio, apenas como un pie que roza las fronteras de la espuma,
casi como un perfume que avanza o como un canto;
después cerraste el cerco,
¿y por qué no hasta trocar los sitios, hasta dejarme fuera?
Tú eras la invasora cuyos ojos atraviesan los vidrios de la noche
lo mismo que un diamante;
yo, la guardiana ciega en su vigilia de ensimismada porcelana.

Acorralaste mi alma, moldeándome tres veces en la cera funesta:
una con los estigmas de la separación
que traspasan las vendas desde el porvenir hasta el pasado;
la segunda, con la nube interior que perpetúa el desasimiento y la caída;
la tercera, con esas incrustaciones de azabache que convocan las obsesiones y el pavor
y que no se disuelven ni bajo el ácido de la costumbre ni bajo el bálsamo de ninguna fe.
Es como balancearse en el vacío,
teñida por tres veces con el color de la otra orilla.
Confundiste mis pasos anudando la soga del destino
a una catedral que se deshizo en polvo contra el acantilado,
a una barca que huía encandilada por el sol de las vertiginosas islas,
a una torre que anduvo entre tembladerales y que cayó partida por el rayo.
Y siempre, en todas partes, tus aliadas,
esas merodeadoras de los muelles esperando el naufragio,
las hijas de la serpiente derribando mi silla desde el árbol de la tentación,
la mujer con corona de lata profanando las ruinas.

¿Y ahora dónde está la casa blanca con la franja ultramar
que bebería el cielo inagotable en una copa del Mediterráneo?
Molida con cal devoradora en tus morteros.
¿Dónde los niños, cada uno con su clave secreta,
deslizándose como una misteriosa constelación sobre la hierba?
Fundidos con las semillas de mi raza en tu crisol de hierro.
¿Dónde, dónde la hora bienaventurada que rueda hasta el regazo
más indemne que un prisma capaz de recomponer toda la luz del inocente paraíso?
Fue la que hirvió mejor en tus negras marmitas.

Trabaste con agujas de hielo mis palabras, mi único talismán en las tinieblas,
y extrajíste con hondas incisiones su forma y su color
vaciando sus almendras y evaporando su sentido;
a veces las dejaste entre puertas cerradas en laberintos insolubles
que siempre desembocan en una cámara circular de aguas estancadas
donde se disputaron sus despojos los extintos fulgores, los ecos y los vientos.
En algún lado hiciste castillos de papel con mis fracasos.

Me soltaste tus perros
junto con la jauría innominada que hizo una madriguera de mis noches.
Engendros de aquelarres incubados en las cocinas subterráneas,
alimañas surgidas del “sueño de la razón” en insomnes bestiarios,
sabandijas fraguadas en el reverso de todas las tentaciones de los santos,
probaron mis resortes hasta las últimas alertas del acosado yo,
hasta el chirrido de los engranajes que fijan las protectoras apariencias
solamente hasta aquí, solamente hasta ahora,
en esta incomprensible maquinaia del mundo.

Se quebró el maleficio.
Se rompió como un huevo, como una rama seca, como un anillo inútil.
Acaso sea poco lo que queda:
la inquebrantable fe, el insistente amor, las ataduras con todo lo imposible
y esta desesperada y prolija costumbre de probarme las almas, los vocablos y la muerte.

Ahora planeas, lejos, con el humo que no vuelve.
Visto desde tu lado
ese pájaro negro es la victoria y vuela con tus alas.
.
.
Num. 9 de La noche a la deriva (1984)

4 comentarios:

Ana dijo...

No me canso de leerlo.
Aparece otra vez la guardiana ciega, los niños que tenían una clave secreta, tantas imágenes poderosas, las de las ratas, las merodeadoras esperando naufragios, el pavor y las obsesiones que no se disuelven, las del asedio que empieza tan suavemente, como un pie que roza espuma, como un perfume que avanza,

"después cerraste el cerco...
¿y por qué no hasta trocar los sitios, hasta dejarme fuera?"

Tan parecido a mi pesadilla reiterada de la niñez (una de ellas): mi casa no estaba; todo el barrio, toda la cuadra era la misma, así que no estaba perdida, no había equivocado el camino.. simplemente mi casa ya no estaba, había otra, desconocida. El sitio había sido trocado, y yo quedaba afuera, hasta despertar...
También leí mucho "Recoge tus pedazos".

Creo que te dije que asistiría a una conferencia de una escritora y profesora de letras pampeana,Diana Blanco. Fui, me interesó su ponencia, y anunciaron la publicación de la misma junto con otras 12 conferencias del ciclo, por parte de la Universidad, de modo que cuando eso salga, te enviaré o el libro o el artículo que corresponde a la obra de Olga. Pasaron diapositivas con fotos durante la exposición. También dejó otro libro con otro artículo, para la biblioteca de la universidad, Debo ir a ver si puedo fotocopiarlo.
En Buenos AIres, no pude ir a la Hemeroteca y buscar el material. Me quedé a un seminario muy interesante, pero que se llevó todo el tiempo, Sólo vi a Buenos Aires desde arriba de taxis o colectivos y algo de la Avenida de Mayo, donde teníamos las reuniones.(Estuve en un hotel donde se alojó Federico García Lorca...).
Bueno, ya habrá otra oportunidad. Aún me falta buscar por acá.
En otra entrada pondré el artículo del diario sobre la conferencia, por si quieres publicarlo, ya que tiene algunos conceptos o comentarios de Diana Blanco.

Un beso

Ana dijo...

http://www.laarena.com.ar/culturales-olga_orozco_y_las_marcas_de_la_infancia_en_su_escritura-28232-118.html

Olga Orozco y las marcas de la infancia en su escritura

La autora castense Diana Blanco dará esta tarde una charla sobre el "perfil narrativo" de la poetisa de Toay y algunas de las huellas autobiógraficas presentes en su obra. El encuentro será en el salón del Consejo Superior de la UNLPam.
"Su decir es muy trabajado y no es sencillo, pero muy placentero", asegura la escritora castense Diana Blanco sobre una poetisa que descubrió en el aula, junto a sus alumnos, en las clases de Literatura. Olga Orozco y los rastros autorreferenciales serán el tema que compartirá esta tarde en una charla, que forma parte de un programa de encuentros dedicados a las letras locales y sus creadores, que ha visitado numerosas localidades del interior durante este año.
La disertación será a las 19, en el salón del Consejo Superior de la Universidad Nacional de la Pampa y forma parte del ciclo "Escritores pampeanos recorren la provincia", organizado por la Secretaría de Extensión de esta casa de estudios y la Subsecretaría de Cultura. La exposición, titulada "La trama de la raza: resistencia, refugio e identidad en la estética de Olga Orozco", será acompañada por un video, preparado por Blanco, como parte de sus investigaciones en torno a la poetisa de Toay.

Las fuentes.
Para ingresar en el mundo de Orozco, poblado de simbolismos y referencias a la espiritualidad, la autora prefirió evitar los textos académicos, que podrían llevarla por preconceptos antes de abordar la obra, excepto por aquellos trabajos vinculados a la autobiografía como género. Sus inquietudes la llevaron directamente por algunas antologías, que lamenta son todavía incompletas y desactualizadas y algunos fragmentos de poesías, que publicaba el suplemento de Cultura del diario "La Nación".
Las entrevistas que aparecieron en medios fueron un insumo muy importante, así como ese libro que recomienda a todos los que quieran saber quién fue Orozco: "Travesía", un diálogo que la poetisa mantuvo con una colega, Gloria Guzmán, y el periodista Antonio Requeni. La idea era "conocer a la autora, para pasar a su producción".


Retrato de un "nosotros".
Este abundante material se convirtió en distintas ponencias, que Blanco llevó por Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos, Chile y Uruguay. La charla de esta tarde abrevará en uno de los títulos narrativos de Orozco, "La oscuridad del otro sol", donde es posible advertir numerosas pistas autobiográficas. "No se trata de una búsqueda narcisista del yo, sino de una literatura cuya centralidad reside en el 'nosotros' de su infancia"
La obra traza una suerte de "autorretrato con todos", que le permite recuperar su identidad y la etapa de sus primeros años en nuestra provincia, que alguna vez dijo fue un período que nunca terminó, sino que la acompañó toda su vida. "A diferencia de muchos autores cuya creación se desplaza dentro de las marcas de su propia historia, ella no parte de la niñez para dejarla y mirar hacia otros momentos, sino que constituye su horizonte".
En su escritura, es posible rastrear la infancia como un "refugio" y, a la vez, las huellas de la resistencia a la muerte, una manera de volver a nombrar ese pasado que la acogió y protegió para que perdure, explica Blanco. "Ella nunca olvidó La Pampa, adonde regresó tantas veces, una condición que la hace tan nuestra".

Jorgewic dijo...

Tiene muy buena pinta: ¡y hay tantas cosas por investigar aún de Olga! Todo está en su infancia, en sus recuerdos de niñez..., su obra posterior no es otra cosa que un precipitado de ese mundo simbólico anterior a su salida de Toay. Esperemos que salga pronto el libro o artículo prometido por esta escritora.
Besos

LUCÍA ANGÉLICA FOLINO dijo...

muchas gracias a ambos por la difusión de la obra completa de Olga.